Cómo elegir zapatillas de running

Cómo elegir zapatillas de running

Es posible que no haya mejor ejercicio y más fácilmente accesible que correr. Ya sea por asfalto o por senderos en el campo, casi la única habilidad imprescindible para practicar este deporte es saber cómo elegir un buen par de zapatillas de running que se adapten a tus necesidades.

 

Elegir zapatillas de running según la superficie

El primer condicionante que debemos tener en cuenta a la hora de elegir zapatillas de running es pensar en el tipo de terreno o superficie por el que vamos a correr con más frecuencia.

Si el objetivo es mejorar nuestra marca en pruebas populares de 10k, unas zapatillas ligeras pueden ayudar. Sin embargo, si prevalece la salida al aire libre, es conveniente optar por un modelo más resistente, más protector.

Si tu actividad es mixta o depende de la época del año o la zona donde estés, puedes explorar soluciones de zapatillas híbridas que se adaptan bien a cualquier contexto. O, simplemente, tener un par de zapatillas de cada condición que puedas alternar.

Las zapatillas para correr en carretera están diseñadas para amortiguar y absorber el impacto de las zancadas repetitivas en rutas pavimentadas o asfaltadas, incluso la superficie firme de una cinta de correr. Son bastante flexibles para permitir que el pie se doble en el antepié y se mueva naturalmente desde el golpe hasta la fase de empuje de la zancada.

Sus suelas están diseñadas para usarse bien en superficies duras, y son más lisas, con huellas menos profundas en las suelas. Estas suelas equilibran la tracción con la eficiencia, y los refuerzos del talón se colocan de modo que impulsen el avance.

 

Cómo elegir zapatillas de running - trail running

 

Sin embargo, las zapatillas para corredores en el campo o superficies más agrestes e irregulares tienen suelas resistentes y con las partes superiores más robustas, diseñadas para resistir la abrasión de rocas, palos y maleza. Incluso algunos modelos de trail tienen una placa delgada y protectora entre la entresuela y la suela exterior para proteger los pies de piedras afiladas o raíces que puedan pisarse.

Las suelas están diseñadas para dar tracción en superficies más blandas y sueltas, con huellas profundas que se aferran a la superficie para que mantener el equilibrio en colinas empinadas y curvas cerradas. Asimismo, otros elementos en la suela se disponen de modo que puedan dar tracción al correr cuesta arriba o ayudar a frenar al correr hacia abajo.

La mayoría de las marcas ofrecen versiones híbridas de sus modelos más populares (puedes ver zapatillas aquí) que combinan estos elementos de un modo homogéneo para que se obtenga ganancia en cualquiera de las superficies que se elija para correr.

 

Modelos de zapatillas según apoyo y estabilidad

El otro factor decisivo a la hora de elegir zapatillas de running es la forma de sus pies. La forma del arco, el empeine y el modo en que se apoyan al pisar son decisivos para adecuar el calzado y mejorar el rendimiento en carrera.

El balanceo o pisada natural del pie hacia adentro se llama pronación. Y el que se produce hacia afuera, supinación.

La mayoría de las personas tenemos un grado pequeño de pronación o supinación, pero si el pie se balancea demasiado, es conveniente beneficiarse de un zapato estabilizador que le ayude a mejorar y combatir ciertas problemas que puedan surgir por el tipo de pisada. Problemas que pueden ir desde lesiones musculares hasta desgaste óseo en pies y piernas o, incluso, desviaciones de la columna.

 

Podología deportiva: Estudio de la pisada

 

La estabilidad del pie durante la carrera también es importante. Para estabilizar la marcha evitando que los tobillos se tuerzan, puede resultar útil buscar zapatillas estabilizadoras. Están diseñadas para limitar el movimiento de lado a lado a medida que el pie golpea desde el apoyo del talón hasta el impulso tomado con la punta del pie en cada zancada.

Para ello utilizan densidades variadas de espuma o gel dentro de la entresuela, posicionadas para distribuir el impacto de cada paso y distribuir la cantidad que el pie apoya mientras golpea y despega del suelo.

Cada corredor es diferente, así que realmente no hay ninguna regla para seleccionar un zapato estabilizador. Una estabilización suave es generalmente apropiada para corredores cuyos pies balancean un poco más de 15 grados desde la línea media. Una moderada puede ser útil si va más allá de esos 15 grados.

Aunque parezca exagerado, correr continuadamente somete al cuerpo a movimientos y posturas que, de ser erróneas, pueden provocar ciertas patologías que hay que evitar desde el primer momento.

Un estudio adecuado de nuestra pisada y la elección correcta de zapatillas con la ayuda de un profesional de biomecánica pueden dar resultados sorprendentes en el rendimiento y evitar males indeseables.

 

Altura entre antepié y talón

Aunque menos relevante, la “caída” o diferencia de altura entre la almohadilla o antepié y el talón también cuenta.

Las zapatillas tradicionales tienen una caída que oscila entre 5 y 12 mm. Unas zapatillas de running que igualen esta diferencia de altura (alrededor de 5 a 9 mm) están diseñadas para estimular el golpe en el antepié y en el mediopié. Una caída más alta (alrededor de 10 a 12 mm) estimula el golpe de talón. Hay incluso modelos minimalistas que reducen esta caída al mínimo, con 0 o 4 mm.

Esta diferencia de caída y el grosor de la amortiguación en cada zona es ya una elección de gran sutileza que muchas veces se basa simplemente en las sensaciones que provoca su uso en el deportista.

 

Tejido: impermeabilidad y transpirabilidad

 

Cómo elegir zapatillas de running

 

Una zapatilla fabricada con tejido impermeable no sólo es más adecuada si corremos en zonas campestres o con hierba y césped, sino una mejor elección si, simplemente, el clima de la ciudad donde solemos entrenar es más húmedo y frío. Nos ayudará a mantener el pie más caliente y seco y, por tanto, evitar malos movimientos y roces asociados a tenerlos húmedos dentro de la zapatilla.

Por ese mismo motivo, es mejor evitar zapatillas con tejidos impermeables en climas calientes y secos. El pie sudoroso es más inestable y, bajo esas condiciones, estamos añadiendo una capa extra de tejido, peso y aislamiento en el calzado que difícilmente puede ser positivo.

Un requisito que solemos olvidar sobre estas zapatillas con capacidad impermeable es la conveniencia de mantenerlas limpias, para que la finura de sus poros no se obstruya con polvo y suciedad, algo que es más difícil en modelos más “abiertos”.

A la hora de su elección es posible que note que la talla media que necesita en modelos impermeables es ligeramente mayor que la habitual, debido precisamente a estos forros impermeables y transpirables que incorpora, que tienden a tener acolchado extra.

 

Cierre de la zapatilla

Aquí seremos rotundos: olvide los cierres de velcro (si es que alguna vez los ha llegado a tener en cuenta). No se pueden comparar con la seguridad y adaptabilidad precisa que se consigue con los cordones.

 

Cómo elegir zapatillas de running - cordones

 

Con un sistema de cordones clásico, puede variar la presión en cualquier parte del pie cambiando el patrón de atado o saltando ojales a su libre albedrío. Es decir, los cordones proporcionan a la zapatilla un grado de personalización más a su tipología de corredor.

Es imposible que no encuentre un tipo de cordón, patrón de atado o modo de anclaje en los ojales que no sea el perfecto para usted, con el que se sienta cómodo.

 

Probarse las zapatillas: no es tan obvio

Lo ideal sería probarse el modelo de zapatillas que nos interese en mitad de un entrenamiento, cuando el pie tiene la fisonomía y condiciones con las que vamos a usar las zapatillas.

Como esa circunstancia rara vez es posible, una solución es probárselas hacia la tarde o la noche ya que están ligeramente más hinchados y la situación será más parecida a la que encontremos en carrera.

Ahora bien, una vez que tenemos las zapatillas puestas, ¿cómo sabemos si se nos ajustan realmente bien? En Priveesport tienda de deportes nos dan estos consejos:

  • Hay aproximadamente el ancho de un dedo de la mano entre el dedo más largo del pie y la parte frontal final (puntera) de la zapatilla
  • Ni el talón ni el antepié o almohadilla, los dos puntos principales puntos de apoyo del pie, se levantan, resbalan o rozan
  • La zapatilla no roza ni crea puntos calientes en el pie al pisar o caminar un poco con ellas
  • Puedes doblar el pie cómodamente sin sentir que te pellizca o aprieta

 

¿Cuándo cambiar las zapatillas de running?

Ajajá. Hemos aprendido mucho para elegir bien una zapatilla de running y, probablemente, el modelo que nos encaja requiere una inversión. Ahora bien, ¿cuando podemos dar por amortizada esa inversión? ¿Cuando podemos considerar, salvo catástrofes evidentes, que unas zapatillas de running ya no son útiles?

 

Cómo elegir zapatillas de running

 

Correr con una zapatillas desgastadas puede causar lesiones, problemas articulares y dolor. La superficie sobre la que corre, su peso y su forma de andar influirán en la rapidez con la que se desgastan sus zapatos. E incluso si no corres con frecuencia, el acolchado de la plantilla y la entresuela irán cediendo con el uso y perdiendo su función.

El pavimento gasta zapatillas rápidamente; los caminos más blandos de tierra o hierba son un poco más amables con la suela, aunque puede agredir más al aspecto exterior de la zapatilla.

La mayoría de los fabricantes recomiendan que reemplace sus zapatillas de correr después de unos 750 a 900 km. Así que, si corres 20 km cada semana, es un par nuevo al menos una vez al año.

Si no tiene el hábito de hacer seguimiento de tu kilometraje, puedes buscar señales de desgaste que indiquen cuándo podría ser el momento de retirar a tus entrañables compañeras:

  • La suela exterior está desgastada y la entresuela incluso llega a verse en alguna parte
  • La suela está deformada o tiene ranuras que corren a lo largo de ella
  • No puedes sentir cómo se comprime la espuma cuando presionas la entresuela con los dedos
  • El forro del talón está desgastado o ha perdido firmeza
  • La parte superior está desgastada, tiene agujeros o está empezando a desgarrarse
  • Te has cambiado los cordones más de dos veces
  • Huelen muy mal… incluso después de lavarlas

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