Las molestias forman parte del running; lo que no puedes permitir es confundirlas con una lesión y seguir corriendo cuando el cuerpo te pide parar.
La molestia es generalizada y aparece en ambos lados del cuerpo. Las dos piernas cargadas después de una tirada larga, el ardor muscular al final de una serie intensa o la fatiga acumulada de la semana son molestias. No alteran tu zancada de forma notable y no implican riesgo de lesión. Son una parte normal del entrenamiento.
El dolor es otra cosa. Aparece en un punto concreto, suele ser unilateral y cambia tu manera de correr. Puede ser un pinchazo, un latido localizado o un dolor sordo que no cede. Cuando sientes eso, para. Recortar el entrenamiento ese día vale mucho más que perder semanas por forzar.
Si algo te duele lo suficiente como para interrumpir una sesión, tómate tres días de descanso completo. Sin tentaciones de “probar a ver cómo va”.
Pasados esos tres días, haz la prueba del salto: salta sobre la pierna afectada con la otra en el aire. Si duele, puede haber una fractura por estrés óseo. En ese caso, no corras hasta tener una prueba de imagen y el diagnóstico de un médico.
Si no duele al saltar y la molestia ha bajado, puedes retomar la carrera suave de forma progresiva. Si aún molesta al correr, detente y mantén el trabajo aeróbico sin impacto: la actividad cardiovascular sin dolor favorece el riego sanguíneo en la zona lesionada y acelera la recuperación.
El dolor en carrera tiene cuatro orígenes posibles: articular, muscular, tendinoso y óseo. Cada uno se comporta de forma distinta y requiere una respuesta diferente.
Se localiza en una articulación concreta, como la rodilla o el tobillo. Como los tendones se insertan cerca de las articulaciones, a veces cuesta distinguir el origen exacto. Ante la duda, un fisioterapeuta o traumatólogo es quien debe diagnosticar.
Es el más frecuente. Va desde las agujetas habituales hasta roturas fibrilares. La clave está en no confundir la sobrecarga normal con un desgarro: si el dolor es agudo y puntual, para de inmediato.
El tendón más afectado en corredores es el de Aquiles. Correr con una tendinopatía sin tratar puede derivar en una rotura, que implica meses de baja. Ante cualquier molestia persistente en el tendón de Aquiles, reduce carga y visita a un especialista.
Solo se diagnostica con prueba de imagen. La prueba del salto es la primera señal de alerta en casa, pero no reemplaza a la resonancia magnética o la gammagrafía. Las fracturas por estrés no mejoran con reposo de tres días: necesitan semanas o meses.
Las dos lesiones más comunes son la condromalacia rotuliana (dolor bajo la rótula) y el síndrome de la cintilla iliotibial (dolor en la cara externa de la rodilla). En ambos casos, la causa suele estar en la debilidad de glúteos y cadera. Fortalecer esa zona es parte fundamental del tratamiento y la prevención.
La periostitis tibial, conocida popularmente como “shin splints”, es una sobrecarga muy frecuente en corredores principiantes. Las dos causas principales son el aumento demasiado rápido del volumen de entrenamiento y el uso de zapatillas inadecuadas. Aumenta el kilometraje de forma gradual, no más de un 10 % por semana, y revisa tu calzado.
El gemelo es uno de los músculos que más se lesionan en carrera por su función excéntrica y su alto porcentaje de fibras rápidas. El tendón de Aquiles, por su parte, soporta una carga enorme en cada zancada. Presta atención a estos factores de riesgo:
Tres estructuras pueden estar detrás del dolor en la zona glútea:
Los isquiotibiales son especialmente vulnerables al sobrepaso de zancada y a los sprints sin calentamiento previo. Forzar una distensión muscular puede convertirla en una rotura. Ante cualquier tirón en la parte posterior del muslo, para y descansa. Si el dolor es muy localizado y empeora al saltar, descarta una fractura por estrés femoral con tu médico.
El pie tiene 26 huesos, todos sometidos a impacto repetitivo en cada zancada. Los esguinces de tobillo son habituales, especialmente los de inversión, cuando el pie gira hacia dentro. Además de los ligamentos, cualquiera de esos 26 huesos puede desarrollar una fractura por estrés. Ante dolor localizado en el pie que no mejora en pocos días, haz la prueba del salto y consulta a un médico si el resultado no es claro.
Este artículo tiene carácter informativo y no sustituye el diagnóstico ni el tratamiento de un profesional de la salud. Si tienes dolor persistente o que empeora, consulta a tu médico o fisioterapeuta antes de retomar el entrenamiento.
Iniciación a correr y entrenamiento 5 / 10 Km
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